Inicio › Nuestra ciencia › Diferencia entre obesidad y sobrepeso
El sobrepeso y la obesidad se separan, formalmente, por una cifra: el índice de masa corporal está entre 25 y 29,9 en el sobrepeso y alcanza o supera el 30 en la obesidad. Pero la diferencia que más importa en la clínica no es el punto de corte, sino el grado de afectación cardiometabólica. Algunas personas con sobrepeso ya tienen alteraciones relevantes, y algunas con obesidad de grado I no las tienen. Por eso una valoración seria mira más allá del índice de masa corporal, y quién necesita tratamiento, y cuándo, lo decide siempre tu médico.
El sobrepeso y la obesidad se definen, en la clasificación clínica, a partir del índice de masa corporal (IMC): el cociente entre el peso en kilos y el cuadrado de la altura en metros.
Se habla de sobrepeso cuando el IMC se sitúa entre 25 y 29,9, y de obesidad cuando alcanza o supera el 30. Dentro de la obesidad se distinguen grados: grado I (30 a 34,9), grado II (35 a 39,9) y grado III, también llamada obesidad severa (40 o más). La Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO) usa esta clasificación en sus documentos de consenso, y es la referencia habitual en la práctica clínica española1.
El IMC tiene una virtud y un límite. La virtud es que ofrece un lenguaje común y un punto de partida sencillo. El límite es que no mide la grasa corporal directamente, no distingue masa muscular de masa grasa, no dice dónde está la grasa y no captura el perfil cardiometabólico. Por eso, junto al IMC, una valoración seria mira el perímetro abdominal (por encima de 88 cm en mujeres y de 102 cm en hombres se habla de obesidad abdominal) y, cada vez más, el índice cintura-altura, cuya regla práctica es que la cintura no supere la mitad de la altura (cociente por debajo de 0,5).
El IMC se diseñó en el siglo XIX como un indicador estadístico de población, no como un instrumento para valorar la salud de una persona concreta. Funciona razonablemente para describir tendencias en grandes grupos y mucho peor para describir lo que ocurre en un cuerpo concreto. Hay al menos cuatro situaciones en las que se queda corto.
La primera son las personas con mucha masa muscular, en las que el IMC sobreestima la grasa porque el músculo pesa más por unidad de volumen. La segunda son las personas mayores, en las que tiende a subestimar el riesgo, porque la pérdida de masa muscular asociada a la edad (sarcopenia) cambia la composición corporal sin cambiar el peso de forma proporcional. La tercera son las diferencias entre poblaciones: el umbral a partir del cual aumenta el riesgo cardiometabólico es más bajo en personas de ascendencia asiática, y los criterios internacionales lo recogen. La cuarta, la más importante en la práctica, es la distribución de la grasa.
La grasa visceral, la que rodea los órganos en la profundidad del abdomen y no la que se palpa bajo la piel, es metabólicamente activa: produce señales inflamatorias, contribuye a la resistencia a la insulina y se asocia a mayor riesgo de hipertensión, diabetes tipo 2 y enfermedad cardiovascular. La grasa subcutánea, sobre todo la de caderas y muslos, no tiene el mismo perfil de riesgo. Por eso la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) insiste en incorporar el perímetro abdominal, o mejor el índice cintura-altura, y, cuando estén disponibles, marcadores como la glucemia en ayunas, la HbA1c, el perfil lipídico y la presión arterial2.
Aquí entra el cambio conceptual más importante de los últimos años. En enero de 2025, un grupo internacional de especialistas coordinado por el profesor Francesco Rubino publicó en Lancet Diabetes & Endocrinology una propuesta de consenso que distingue entre obesidad clínica y obesidad preclínica3.
El consenso reserva el término obesidad clínica para las personas con evidencia objetiva de disfunción de órganos o sistemas asociada al exceso de adiposidad (hipertensión, alteración del metabolismo de la glucosa, dislipemia, apnea del sueño, hígado graso o deterioro funcional, entre otras), y obesidad preclínica para quienes tienen exceso de adiposidad pero sin esa disfunción documentada.
Lo relevante para esta página es que, en ese marco, el sobrepeso con afectación cardiometabólica encaja conceptualmente dentro de la obesidad clínica aunque el IMC no llegue a 30. Una persona con IMC de 28, perímetro abdominal elevado, hipertensión y resistencia a la insulina se parece más, clínicamente, a alguien con obesidad establecida que a alguien con sobrepeso aislado. Es una de las razones por las que la indicación autorizada del tratamiento farmacológico se aplica a IMC igual o superior a 30, o igual o superior a 27 si hay una comorbilidad asociada al peso.
| IMC (kg/m²) | Clasificación | Con comorbilidad asociada al peso | Sin comorbilidad |
|---|---|---|---|
| < 18,5 | Bajo peso | No indicado | No indicado |
| 18,5 a 24,9 | Peso saludable | No indicado | No indicado |
| 25 a 26,9 | Sobrepeso | Fuera de indicación autorizada | No indicado |
| 27 a 29,9 | Sobrepeso | Indicado (ficha técnica) | No indicado |
| 30 a 34,9 | Obesidad grado I | Indicado | Indicado |
| 35 a 39,9 | Obesidad grado II | Indicado | Indicado |
| ≥ 40 | Obesidad grado III | Indicado | Indicado |
Las comorbilidades asociadas al peso incluyen, entre otras, la hipertensión arterial, la dislipemia, la prediabetes o diabetes tipo 2, la apnea del sueño y la enfermedad cardiovascular establecida. El detalle para la obesidad ya establecida está en obesidad médica, y para el sobrepeso que pasa a tratarse, en sobrepeso con comorbilidad.
¿Es lo mismo la indicación autorizada que el consenso clínico? No exactamente, y la diferencia importa más en los casos límite que en los típicos. La indicación de la AEMPS (IMC igual o superior a 30, o igual o superior a 27 con comorbilidad) y el consenso de Rubino (obesidad clínica definida por disfunción cardiometabólica) se solapan en la mayoría de los casos.
Donde se nota la diferencia es en las zonas grises. Una persona con IMC de 26, perímetro abdominal elevado, resistencia a la insulina incipiente y triglicéridos altos encajaría en lo que el consenso llama obesidad clínica, pero queda por debajo del umbral que activa la indicación autorizada. El debate clínico reconoce una tensión real: hay argumentos a favor de intervenir antes de que el daño se consolide, mientras que el marco regulatorio se construyó con umbrales más conservadores. Las indicaciones autorizadas no son inmutables: se revisan conforme se acumula evidencia.
La prescripción fuera de indicación (off-label) consiste en recetar un medicamento autorizado para usos distintos a los recogidos en su ficha técnica. En España la contempla el Real Decreto 1015/2009, con justificación clínica documentada, información a la persona y criterios estrictos4. La prescripción farmacológica del peso se mueve mayoritariamente dentro de las indicaciones autorizadas.
Si te reconoces en una zona gris, sobrepeso con marcadores cardiometabólicos preocupantes pero IMC por debajo del umbral, lo útil no es buscar una prescripción al margen, sino que tu médico aclare qué está pasando en tu caso, qué riesgo concreto representa y qué tiene sentido hoy.
Ni el sobrepeso ni la obesidad aparecen porque sí: son la expresión visible de factores que influyen en cómo regulamos el apetito, la saciedad, el almacenamiento de la grasa y el gasto energético. Algunos son modificables; otros no.
No modificables. La genética, el sexo biológico, la edad y los antecedentes familiares, además de los grandes hitos hormonales (la pubertad, los embarazos, la menopausia), que reconfiguran cómo el cuerpo almacena y moviliza la grasa. También, en gran medida, el historial de peso previo: el cuerpo defiende activamente el peso al que ha estado durante años, algo que explicamos en recuperar el peso perdido.
Modificables. La alimentación, la actividad física, el sueño, el estrés y los patrones de conducta alrededor de la comida. Trabajar sobre ellos sigue siendo fundamental a cualquier edad.
Y una biología que durante décadas se consideró fija y hoy es parcialmente abordable: la regulación hormonal del apetito y la saciedad. El tratamiento farmacológico moderno actúa precisamente sobre esas vías; cómo lo hace, y la biología que hay detrás, se explican en qué es el tratamiento farmacológico y en obesidad médica. Que existan estas herramientas no significa que sean para todo el mundo: la indicación es precisa, y abordar bien la diferencia entre obesidad y sobrepeso pasa por reconocer cuándo el tratamiento es la respuesta correcta y cuándo no lo es.
Esta página explica la diferencia entre sobrepeso y obesidad; no diagnostica ni indica ningún tratamiento. Saber en qué banda de IMC estás no determina, por sí solo, qué necesitas: eso depende de una valoración clínica individual. Cualquier medicamento para el peso se utiliza únicamente con prescripción y seguimiento médicos.
